Fotografía de Armindo Cardoso
Ensayo · Psicoanálisis

Duelo y sublevación,
o la pérdida como
motivo de levantamiento

Dos hermanas de cuatro y seis años acaban de perder a su madre. Un par de días después, las niñas juegan poniéndose encima una sábana blanca que hace las veces de sudario. Juegan a estar muertas, imitando el ritual velatorio de la madre, hasta que una de ellas rompe en llanto ante la inmovilidad de la otra.

Entonces, la hermana que está de pie comienza a mover a la que yace debajo de la sábana. El juego cambia: la sábana, que antes era mortaja, ahora puede ser vestido, bandera o casa, y las niñas terminan riendo desenfrenadamente.

Esta escena evocada por Georges Didi-Huberman en Sublevaciones (2017) destaca un gesto radical: en medio de la pérdida, emerge el juego no como negación de la muerte ni como olvido, sino como una forma de sostener lo insoportable. De aquí que la pérdida, causa de la inmovilidad, de la pesadumbre, pueda también ser la fuerza de todo levantamiento. La sábana se convierte en velo, en tela para el movimiento, en invención lúdica. Allí donde la muerte pesa, aparece un gesto de sublevación mínima: una fisura que no borra la ausencia, pero la transforma.

Sin duda, el luto, nos dice Pierre Fédida en La ausencia (2000), pone al mundo en movimiento e impulsa una movilidad nueva, donde "la muerte extrae su evidencia de un juego que simbólicamente cumple su deseo". El duelo es concebido aquí como un trabajo psíquico inacabable, una elaboración en la que lo perdido no desaparece, sino que se inscribe como resto, como huella que se reanima en cada intento de simbolización. Este carácter continuo del proceso de simbolización permite crear e imaginar. Que dicha dinámica no esté sujeta a cierre hace posible afirmar que duelo y sublevación no son opuestos absolutos, sino dos caras de la misma moneda, y que, en última instancia, las sublevaciones encuentran su motivo precisamente en el duelo.

Fotografía de Armindo Cardoso
Armindo Cardoso — Colección del Archivo Fotográfico, Biblioteca Nacional de Chile

Chile, desde el 11 de septiembre de 1973, habita esta tensión. Con justa razón, el duelo colectivo se ha levantado frente al trauma del golpe, la violencia ejercida sobre cuerpos, memorias y proyectos de vida. La fecha concentra la muerte y la herida abierta. Ese recuerdo no solo es legítimo, sino indispensable: resguarda la dignidad de los ausentes, mantiene viva la exigencia de justicia y el rechazo a la barbarie.

Sin embargo, junto a ese duelo fundamental, persiste otro que suele quedar relegado: el de la Unidad Popular, su potencia inacabada, su promesa interrumpida.

¿Cómo recordar esta fecha de conmemoración junto al proyecto de la Unidad Popular? La memoria chilena, cargada de la catástrofe o la ruina, ha debido sostenerse en el luto por la derrota. Pero también en ella se puede abrir un espacio para la persistencia de lo que se intentó construir, para la fuerza de un proyecto que no se borra del todo. Como si la sábana no solo cubriera el cuerpo muerto, sino que también se levantara en manos de las niñas, tornándose juego, movimiento, creación.

Recordar la Unidad Popular no significa desplazar la memoria del golpe ni disminuir la violencia que lo atravesó, sino volver a mirar la historia desde otro ángulo: rescatar el impulso, lo que quedó como resto y todavía arde. Este ejercicio permite pensar el duelo como espiral, nunca cerrado, siempre abierto a la posibilidad de reanimar la memoria de un proyecto latente que resiste a su desaparición. Para que los vivos hagan con los sueños de los muertos todas las variaciones posibles: hacer con el pasado remolinos en el presente.

En este sentido, duelo y sublevación forman una dialéctica: la memoria del 11 de septiembre no debería reducirse solo al desastre que significó; desde ella se pueden abrir otros gestos, a un montaje de imágenes y fragmentos que devuelvan vida a lo que parecía derrotado. Como las niñas que juegan con la sábana, se trata de encontrar en la ausencia un modo de invención, un gesto vital.

Fotografía de Armindo Cardoso
Armindo Cardoso — Colección del Archivo Fotográfico, Biblioteca Nacional de Chile

Quizás la tarea de la memoria en Chile consista en este movimiento: no solo guardar duelo por lo perdido, sino sublevarse desde él, para que el recuerdo, en vez de quedar atado únicamente a la muerte, se pliegue también hacia la promesa de lo que todavía puede ser. Para que las lágrimas no se estanquen en un charco, sino que se vuelvan hijas de nuestras legítimas sublevaciones.

Es una oportunidad para observar cómo el hecho mismo de ser afectados es también la instancia desde donde puede devenir una auténtica transformación:

"Ser afectado no significa necesariamente pasividad, sino afectividad, sensibilidad, sensación (…) Toda sensibilidad no es sino un devenir de fuerzas (…): el pathos es el hecho más fundamental del que resulta un devenir." — Georges Didi-Huberman, Pueblo en lágrimas, Pueblo en armas (2017)

Hay aquí un entendimiento sobre el dolor en su relación con el deseo y, sobre todo, el carácter indestructible de este último, tal como puede leerse en La interpretación de los sueños de Freud, cuando dice que nuestros objetos de deseo pueden —y esto es lo que ocurre a menudo— sernos sustraídos; empero, ellos, en sí, persisten y buscan maneras de expresarse y reanimarse.

Rescatar algo de ese deseo, entonces, para sacudir y movilizar el carácter melancólico de nuestra memoria colectiva. "Chile era una fiesta", señala Patricio Guzmán a propósito del periodo de la Unidad Popular, en las notas del diario fílmico de su película El primer año. Tendríamos entonces que darnos el tiempo de pensar, al menos por un momento, la alegría y la imaginación política que constituyeron la Unidad Popular, para cepillar la historia a contrapelo, leerla desde la perspectiva de los oprimidos, para rescatar la memoria de los muertos y de los vencidos, como diría Walter Benjamin.

Pensar duelo y sublevación a la par puede ser la posibilidad para una memoria viva: que recuerde sin clausurar y que imagine sin olvidar.

Créditos fotográficos

Armindo Cardoso (Oporto, 1943). Colección del Archivo Fotográfico de la Biblioteca Nacional de Chile.

Este artículo fue publicado originalmente en Poesía & Capitalismo, septiembre de 2025.

Felipe Ríos · Septiembre 2025 ← Volver a Publicaciones

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